domingo, 7 de diciembre de 2008

Cuento Felipe de Susana Olaondo


(espantapájaros)- Yo soy Felipe. Algunos me conocieron como " Felipe el espantapájaros" pero de eso ya hace mucho tiempo.

Era la época en que Felipe trabajaba en la plantación, antes de que empezaran los problemas.
Su trabajo era fácil: quedarse siempre quieto en el mismo lugar con los brazos extendidos y una cara tan seria como para que a ningún pájaro se le ocurriera acercarse.
Así pasaba sin moverse, aburridísimo, invierno y verano.
Durante años hizo muy bien su tarea, pero cada vez le resultaba más difícil quedarse quieto y peor aún, estar solo. Vivía en un campo amarillo, rodeado de miles de girasoles que eran su única compañía.

(Baile de los girasoles)

Al atardecer las flores se daban vuelta para miara a Felipe y en medio de esa soledad, una única cosa lo hacía sentir muy feliz:

(espantapájaros)_Mi gran pasión es contar cuentos. Los ucnetos me permiten vivir las más increíbles aventuras, moverme y reírme por un rato.

Por eso, todas las tadecitas, al bajar el sol, con gran entusiasmo, contaba un cuento tras otro como si un gran público lo acompañara.
Hasta que una tarde, despacito, escondiéndose entre las plantas, se acercó Carluncho, el coendú.

(Coendú)-Este tipo debe estar medio loco.

Pensó Carluncho cuando lo oyó hablar solo. Pero cuando escuchó los cuentos, le parecieron tan divertidos que al bajar el sol iba apurado hacia la plantación y se quedaba a escuchar.
Hasta que un día... se escucharon risas y aplausos.

(coendú)-¡¡SOY YO, CARLUNCHO!! ¡Tu cuento me pareció excelente! Y hoy estuviste más gracioso que nunca.

(espantapájos)-Muchas gracias. Me llamo Felipe y nunca pensé que hubiera más público escuchando.

(coendú)- Yo soy el único que viente, pero me gustaría traer a mis amigos, los animales del monte, para que te conozcan.

(espantapájaros)-¿Estás seguro de que ninguno se va a comer las semillas?

(coendú)-¡Ni que hablar!. Te doy mi palabra de honor.

(espantapájaros)- Bueno, pero ¡que no se vayan a enterar los pájaros!

Carluncho se fue entusiasmadísimo con la idea de volver con todos sus amigos a escucharlo. Y escribió, en una hojita, un mensaje para cada uno que decía:
"Su sabés guardar un secreto, te espero mañana a las tres bajo el ombú. Firmado Carluncho"
Como los bichos eran muy curiosos, al otro día a las tres en punto y a la sombra, estaban todos esperándolo, menos el grillo, que como todavía no sabía leer, al ver esa hoja tan tiernita se la comió.
Carluncho entonces les dijo:


(coendú)-Conseguí una invitación de Felipe el espantapájaros, el mejor cuentacuentos del lugar.

(yacaré)- ¿Cuentaquéeeeeeeeee?

(coendú)-Cuentacuentos les dicen a quienes les gusta contar historias, cuentos y Felipe es el mejor.

(nutria)-Seguro que son cuentos de girasoles (cara de aburrida)

(Coendú)- ¡Nada que ver! Yo los escucho siempre y son buenísimos.

(carpincho)-Mmm... Felipe tiene una cara tan seria (bosteza)

(perdiz)-Además no se mueve nunca y eso me hace sospechar mucho.

(Coendú)-
Yo les aseguro que es muy bueno. Si no se animan... peor para ustedes. ¡Yo me voy!

Los animales confiaron en él y desde ese día, todas las tardecitas una larga fila de mulitas, venados, tucu-tucus, zorros, lagartos, carpinchos y ñandúes van a la plantación y rodean a Felipe para escuchar sus cuentos.

(carpincho)-Contá cuando la perdiz le cosió la boca al zorro porque quería aprender a silbar...

(mulita)-Contá el de la tortuga y la liebre.

(venado)-Y el del hornero, aquel que hizo un nido de ocho pisos...

Siempre contaba y contaba y nunca se cansaba. Estaba tan feliz rodeado de amigos que todo parecía perfecto.
Unos meses después, desconfiados al principio, los pájaros se fueron acercando. Y cuento va, cuento viene, aprovechaban para picotear una que otra semilla. Felipe estaba tan concentrado imaginando historias que ni notó que cada vez quedaban menos plantas.
Lo más grave fue cuando don Melitón, el dueño del campo, vio que algo volaba sobre sus girasoles. Como no veía muy bien de lejos, penso que eran aviones, pero al mirar con el largavistas no tuvo la menor duda.


(Melitón)-¡Son pájaros! ¡Los malditos pájaros! ¡Y para colmo están todos alrededor de Felipe!

Don Melitón estaba furioso, tan rojo de rabia que parecia a punto de estallar por lo que se fue rápidamente a la plantación.


(Melitón)- ¡¡¡FELIPE!!! ¿USTED PIENSA QUE ESTO ES UN PARQUE DE VACACIONES?
¡Tiene cuatro días para espantar todos estos pajarracos de mi campo o queda despedido!

(Felipe) - ¡Cuatro días es poquísimo! No se como voy a poder sacar a los pájaros.

(Tucu-tucu)-¡Escuché todo! (sale de la cueva, tirando tierra)

(Felipe)- Estoy metido en un gran lío.

(tucu-tucu)-¡Ya lo creo! Yo puedo consultar con mi tío el inventor. El tiene muy buenas ideas.

Tucu se sumergió en la cueva, excavó y excavó hasta lo del tío y gritó:


(tucu-tucu)- ¡TÍO! ¡Qué suerte que te encuentro! Te necesito urgentemente.

En seguida le contó de Felipe y sus cuentos increíbles, de sus amigos del monte, de la plantación, de los pájaros y de don Melitón que en cuatro días pensaba despedir a Felipe. El tío pensó y dijo:

(Tío)-
No es fácil. Lo fundamental es que los pájaros vuelvan a tenerle miedo. Que Felipe no sea más Felipe. Tendrían qeu edisfrazarlo.

(Tucu-tucu)- ¡¡Claro!! Felipe parecerá otro y le tendrán tanto miedo que se irán volando a otro campo ¡SOS GENIAL!

Tenía que conseguir rápido un disfraz. Y esa misma tarde Tucu habló con el ñandú, que tenía una tela negra en su nido, y con la nutria que guardaba dos colmillos de lobo de mar y Carluncho podría llevar unos cuernos de toro que usaba de perchero. Al día siguiente, la nutria y el ñandú se acercaron a Felipe, llevando el disfraz. El ñandú le habló al oído, pues no quería que los pájaros se enteraran.


(Felipe)- ¡¡Voy a parecer un monstruo!!

(Ñandú)- ¡¡SSHHH!! Eso es lo que queremos. Quedate callado porque si no el plan no funciona.

Después de varias horas de intenso trabajo, costaba reconocerlo; había quedado realmente horrible.
Durante esa tarde no se acercó ni un pájaro. Los animales del monte observaban y sonreían con aire triunfador.
Esa misma noche, sin saber como, se le escaparon a Felipe dos cuentos de terror tan buenos que una bandada de murciélagos, cuervos y lechuzas se instaló fascinada a escuchar. Y cuento va... cuento viene... comenzaron a picotear semillas para variar.

(Coendú)- ¡Esto es el fin!

Entonces el ñandú, a quein todos respetaban porqeu "veía más lejos", dijo:

(ñandú)- Barbaridá. Esto es cosa seria, Felipe es un cuentacuentos nomás. Cada uno tiene que hacer lo que más le gusta y Felipe es cuentacuentos y chau.

(Coendú) ¡Eso es! Eso es lo que debería decir Felipe, ¡chau! a los girasoles y ¡chau! a don Melitón y venirse con nosotros a contar cuentos.

En medio de lo que quedaba de la plantación Felipe no sabía qué pensar. Solo estaba seguro de que por nada del mundo dejaría de contar cuentos.
De pronto se escuchó un sonido extraño, como si miles de pájaros se acercaran.
Una gran bandada se acercó en vuelo bajito y se llevaron a Felipe que fue perdiendo su disfraz y hasta su viejo sombrero de espantapájaros.
Cuando quiso acordar estaba en el monte rodeado de todos sus amigos y sintiéndose en su casa.
Por eso, si algún día van de tardecita al monte, pasando la lomita, podrán escuchar risas y a Felipe que sigue contando los mejores cuentos del lugar.

1 comentario:

melchor dijo...

que lindo cuento. los difrutamos los 3 Papá, Mamá; y Morena nuestra reyna de 4 años